Vivimos de recuerdos que hacemos que existan siendo
recordados por todos y más importante aún, por nosotros mismos.
Esa es la razón por la que nunca olvidamos todo y siempre
recordamos nada, porque nos empeñamos una y otra vez en que siga aquí a nuestro
lado, no te quejes y olvida más joder.
No puedes recordar un número de teléfono, el lugar en el qué dejaste el papel que tanta falta te hace, meter el pasaporte en la maleta cuando vas de viaje, o cargar el móvil antes de salir a la calle; pero sin embargo puedes recordar el olor de su colonia de hace años, incluso su primera mirada. Os compadezco aunque no sé que es peor, si perder el vuelo de tu vida por un despiste inútil al salir de casa o no estremecerte al sentir como solo un olor te hace recordar cada palabra de hace veinte años.
Ya que os hablo de palabras, miradas, olores y demás cosas absurdas que la gente “normal” relaciona con amor debería decir que es lo más estúpido que podéis relacionar. Las palabras se cambian, las miradas mientes y los olores dan dolor de cabeza y siento decíroslo pero, de ahí, a un bonito romance, hay más que un paso.
Pero aún a día de hoy cierro los ojos y veo su mano en mi mejilla mientra dice:
- Si hubiese otra vida, haría lo imposible por encontrarte y volver a vivirla a tu lado.
Y aquí estoy yo, esperándolo en esta.


